miércoles, 9 de marzo de 2016

Recuerdo – Daniel Antokoletz


Recuerdo el accidente, y cada vez que lo recuerdo, maldigo ese día y todos los días en los que me jacté de ser diferente. Recuerdo cuando fui a la casa de mi padre en las afueras de Uruk.
Me llamó la atención el electricidad que se cernía a mi alrededor. Entonces los vi. Los dioses Emesh y Enten estaban peleando como siempre, y yo quedé atrapado en medio de la pelea. Entonces sucedió: uno de los tantos proyectiles que se disparaban entre ellos me dio de lleno en la espalda. Sentí un fuego abrasador, un terrible zumbido me embotó y una luz cegadora lastimó mis pupilas. En ese momento pensé que moriría, que jamás volvería a ver a mi esposa ni a mi hijo.
Pero no. No he muerto. Y maldigo ese momento. Recuerdo la muerte de mi dulce esposa con su hermosa cara arrugada por la edad, también recuerdo la muerte de mi hijo, de mis nietos, de mis bisnietos, de toda mi estirpe. Y cada una de esas muertes dejó una herida en mi alma. Y las recuerdo.
Fui rey y fui un guerrero temido. Fui un aclamado héroe en muchas ciudades. Al principio era divertido y lo fomentaba realizando grandes hazañas. El dolor de las heridas me curtió y me insensibilizó. Y me convertí en superhéroe. Era fácil. Gracias al accidente no podía morir, cosa que yo buscaba fervientemente. No quería recordar más pero con cada acción, un dolor se agregaba a mi memoria.
Se escribieron poemas, libros, historietas sobre mí, pero nadie ha captado mi drama. Me llamaron Gilgamesh, Hércules, Aquiles, Mc Leod, pero mi verdadero nombre nadie lo recuerda. Sólo yo sé que mi nombre es Itsub. Intervine en cuanta guerra sacudió a la vapuleada humanidad. Estuve en Nueva York cuando las bombas nucleares la redujeron a polvo. Sentí el dolor de mi cuerpo ardiendo por la radiación, pero sobreviví.
Hace poco descubrí algo que realmente podía terminar con mi sufrimiento y la utilicé. La explosión de antimateria redujo a escombros al planeta... con él murieron humanos, dioses y animales. Pero yo... yo ahora conozco lo que es el verdadero sufrimiento. Mi cuerpo, congelado, vaga por el sistema solar y mi mente... mi mente se limita a recordar.

Acerca del autor:
Daniel Antolokoletz

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