lunes, 28 de diciembre de 2015

Otro caballo - Sergio Gaut vel Hartman


—A caballo regalado no se le miran los dientes —dijo don Refulgencio Betinotti. El extraterrestre se lo quedó mirando con sus grandes ojos como platos y replicó:
—¿Saber caba-llo no ocupa lugar en na-ve? —Miró hacia un lado y otro y no vio a ninguno de sus compañeros—. ¡Ojo por diente por ojo diente!
—¡Estos gringos! Eso mismo, bien dicho: Dios le da pan al que no tiene con qué morderlo. Pero lléveselo con confianza, hombre, quiero decir, ser extraterrestre, que ese caballo no tiene un pelo de zonzo, ¡claro que no! Le va a gustar su planeta, seguro.
El alienígena, resignado, tomó las riendas del caballo Regalado y tironeó sin convicción del animal rumbo a su vehículo. La invasión había sido un fracaso. ¿Para qué querían caballos?

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