martes, 8 de diciembre de 2015

Consecuencias de la fotofobia – Héctor Ranea


Como vivió en la oscuridad y con varios gatos, aprendió a caminar sin levantar los pies para no pisarles la cola. Como tuvo poca agua, se acostumbró a no bañarse. Como no comió una comida entera, aprendió a robarle a sus gatos lo que estos robaban. El no comer le trajo una complicación a su deteriorada vista: su fotofobia se convirtió en furiosa reacción ante la luz. Se lo oye arrastrar las piernas y se piensa en un geronte aunque tenga menos de cuarenta. Se lo escucha patear los diarios con los que armó su sendero y se piensa en un perro pataleando. Se lo escucha armar los oscurecedores de ventanas con diarios robados y se piensa en un murciélago que se limpia las alitas de cuero. Estamos preocupados porque en estos últimos días no escuchamos a los gatos y pide sangre como quien pide pizza, por teléfono.

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