miércoles, 21 de octubre de 2015

Eusebio - Ana María Caillet Bois


Al atardecer, el ataúd se elevó y quedó suspendido en el aire. Los dolientes, mudos... blancos como cadáveres.
La más anciana, y señora del difunto, levantó su dedo índice hacia el cajón y dijo de manera cortante.
—Eusebio, ya no soportaré una sola broma más.
Lentamente el ataúd se apoyó en el suelo si hacer ningún ruido.

Acerca de la autora:
Ana María Caillet Bois

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