miércoles, 26 de agosto de 2015

La vida breve - Abel Maas


Decidí trabajar por las madrugadas, al menos esta madrugada, en la cama, como hacía Onetti pero sin pijama; debo terminar el puto libro de las risitas, de las monerías, de las agachadas, pero me distraigo, como ahora; le cambié como quince veces el final, no me gusta ninguno, son todos medio llorones, medio onanistas, puede que se llame “Final con Paja”, a Onetti tal vez le gustaría, a Fogwill seguro, los dos están muertos, pero lo publicaré virtual, basta de papeles que terminan pudriéndose. Con la foto de cuando era chiquito los voy a hacer mierda a todos, se les va a acabar la joda de la biblioteca detrás o los anteojos en la mano y el ceño fruncido, todos los escritores se sacan la misma foto, salvo que la saque Grossman que te sienta en el Británico junto al mozo; Aguirre me hubiera sentado en el Petit Café; a mí no me agarran, saldrá con seudónimo, Yoquenún Caflogé, que habla de mí, nombre de cacique tehuelche. Trataré de dormir; mañana quiero estar en la puerta de Coto cuando abren. Para mí que todos los escritores son putos.

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