martes, 15 de septiembre de 2015

Carta de un lector - Jorge Etcheverry


Todavía estoy en estas tierras boreales, y abusando de diversas hospitalidades y cuentas de internet. Eso me ha dado la posibilidad de enterarme de un importante suceso arqueológico. En el Globe and Mail del 7 de diciembre del año pasado, que es el principal periódico de Canadá anglófono, en la primera página se lee el siguiente título (traducción de este humilde servidor): “Evidencia de una antigua ciudad encontrada en las profundidades cercanas a Cuba”. Luego, en el cuerpo de la nota o artículo, se dice que la ciudad tendría 6.000 años y estaría dotada de megalitos “del tipo que uno podría encontrar en la Isla de Pascua”, teniendo “algunas de sus estructuras 400 metros de ancho y 40 de alto, algunas encima de otras”. Además, se pueden advertir, según el video que sirve de fuente a esta nota, accesible en el Youtube,“símbolos e inscripciones en un lenguaje desconocido”. El artículo, que continúa en la página A-5, afirma que las edificaciones se encuentran “entre 650 y 700 metros de profundidad”. El artículo se sume en la especulación cuando se afirma que “una atractiva posibilidad... es que si alguna vez se prueba que existió el legendario continente hundido de la Atlántida, estas estructuras habrían sido sumergidas durante el mismo cataclismo que causó la sumersión de estas ruinas”. 
Pero, con todo respeto, yo me atrevería a adelantar otra posibilidad. Es ya sabido que la Atlántida desapareció hace cerca de 40.000 años, y que estaba situada en el Pacífico y no en el Mar Caribe. Lemuria o Mu es incluso más remota. La posibilidad más verosímil es que estas ruinas se tratan de la ciudad de R’lyeh, lo que definitivamente constituye quizás la peor noticia posible para la humanidad en estos tiempos aciagos, ya que significa que el dominio mismo de este planeta por parte de la humanidad se encuentra en entredicho. La vastedad y peso estimado de los bloques de granito, replantean la interrogante de su transporte y manufactura, insinuando a la mente libre de prejuicios la ingerencia de medios no humanos o de una tecnología abismantemente desarrollada para el transporte y manufactura de las edificaciones. La falta de precisiones más concretas y detalladas, la vaguedad de la descripción quizás refleje el asombro o perplejidad de los investigadores frente a posibles alteraciones geométricas en un sentido no euclidiano. Debo agregar que, posteriormente a ese artículo noticioso del más importante periódico canadiense, no ha habido, sospechosamente, ninguna mención de este asunto por radio, internet, televisión o la prensa.
Ottawa, mayo del 2015.

Acerca del autor:
Jorge Etcheverry

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